lunes, 17 de noviembre de 2008

aprendiendo a cerrar ventanas

Nuestra percepción del mundo, es la respuesta a la información que hemos recibido de él, y pasada por el filtro de nuestras experiencias personales.
Lo que voy a decir quizás no suene muy correcto, y menos en los tiempos que corren en los que nos llenamos la boca de palabras como tolerancia, objetividad ...etc.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos recibimos un chorro continuo de información de todo tipo, que si se pudiera alamacenar en un ordenador, seguramente ocuparía toda la capacidad de la NASA, la CIA, y el Pentágono juntos.
Debemos ser conscientes de que una parte de ella nos es necesaria para estar ubicados en el mundo que nos ha tocado vivir, pero no todo lo que reluce es oro.

A modo de ejemplo, pensemos en los telediarios o informativos de la televisión.
¿De verdad es necesario ver y escuchar el testimonio de una mujer decribiendo que ha presenciado cómo un vecino ha matado a su mujer y a sus hijos a cuchilladas y luego se ha tratado de quitar la vida tirándose al vacío desde un sexto piso?
¿Es necesario ver en primer plano y con zoom la reacción de una madre cuando le dan la noticia de que es su hija el cadáver que han encontrado con signos de violencia en la cuneta de una carretera? ¿Es eso información?

Lo más triste de todo esto, es que los redactores de los informativos son conscientes de la degeneración de los telediarios. ¿Por qué lo hacen? Es muy simple. Las empresas pirvadas como las cadenas de televisiones viven de la audiencias y éstas suben cuanto más morbosas, impactantes y retorcidas son las imágenes.
Somos nosotros los que con nuestra fidelidad promovemos esos formatos informativos.

En el mundo ocurren miles de cosas buenas y malas todos los días. Dicen que las buenas noticias no son noticia, pero no es solo eso, hay muchas formas de informar sobre las malas noticias.
Es preocupante que después de ver un telediario le den a uno ganas de meterse en la cama y apagar la luz, pero más preocupante es lo contrario, pues significa la pérdida de un tesoro del ser humano, la sensibilidad.

He querido utilizar el ejemplo de la televisión porque me parece muy esclarecedor, pero no es más que un ejemplo.

En contra de lo habitual, defiendo que por salud mental uno debe saber no escuchar, y aprender a ignorar, a no prestar atención, y a dar la espalda.
La dificultad reside en saber elegir y saber distinguir, pero es nuestra percepción de la vida, y nuestra sensibilidad lo que está en juego. Y eso es jugarse mucho.

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